martes, 12 de junio de 2012

La ética utilitarista


DEFINICIÓN 

La doctrina utilitarista es definida por dos elementos: la felicidad y el consciencialismo. La felicidad utilitarista, es el componente más grande en el que todo ser humano investiga. En la doctrina utilitarista todo lo que es útil, relacionado con el principio de felicidad es bueno y deseable en donde el nombre de la doctrina: el utilitarismo, se escarole bajo  el principio de utilidad. La utilidad, es todo lo que contribuye a la felicidad de cualquier ser racional. El criterio del bien y del dolor se encuentra en un equilibrio entre la felicidad del individuo y el de la comunidad, " cada uno es valor Ado de manera igual " (Bentham, Introducción a los principios de moral y de legislación). El consecuenciales del utilitarismo se encuentra en el hecho que una acción debe ser juzgada para sus consecuencias por la felicidad del número más grande de personas. Es decir, mi principio de felicidad deja de ser en el momento en que se disminuye la felicidad de otro individuo o del  número más grande de individuos de una sociedad o  comunidad. Así como la libertad individual se concibe en el respeto de la libertad de los individuos y de la comunidad, mi libertad deja de ser cuando se atenta contra la libertad de los individuos o contra el buen funcionamiento de la sociedad. Podríamos decir que el utilitarismo es la continuación de la legislación romana, y que su aspecto moderno se encuentra en el hecho que la doctrina utilitarista añade una dimensión, ya sea económica, legislativa y política hacia un concepto ético, el de la felicidad y del bienestar. Es esta perspectiva, en dónde se analiza el componente moderno de la doctrina que evolucionará a lo largo del siglo XIX, para terminarse con Sidgwick, en el que llega a dar a esta doctrina una dimensión práctica y racional para nuestra sociedad moderna, ya sea en el aspecto económico, político y ético.
Aunque el utilitarismo existe desde hace ya un buen tiempo, parece cobrar una importancia más grande durante el siglo XVIII y el siglo XIX, es decir los inicios de la sociedad moderna y el fin de la sociedad feudal. En efecto, el auge industrial que conoce Europa en el siglo XVIII va a provocar cambios importantes en el comportamiento de los hombres en el seno de la sociedad. Así, la industrialización en Francia durante el siglo XVIII, va a propiciar su desarrollo, y el individualismo de su sociedad. Es decir, que esta nueva sociedad ofrece a los más pobres, medianamente pobres y a los medianamente ricos, un remedio a su necesidad sin ser obligados a formar parte del clan o del grupo familiar. Durante toda la Edad Media, el individuo no puede sobrevivir sólo, el grupo es el solo medio de supervivencia, sea en el seno de la ciudad, gruesos pueblos o alrededor de un señor de campaña: a la Edad Media sobrevivimos sólo si formamos parte de un grupo. El desarrollo tecnológico y científico y los descubrimientos de nuevas tierras, durante los siglos XV, XVI, y XVIII se evidencia la sociedad del Siglo de las Luces, que da origen al individualismo y a la independencia de la economía privada con relación al Estado. Es pues en el contexto que nace el "laissez-faire", que finalmente es el credo del utilitarismo en el sentido donde el individuo es libre de producir su propia felicidad, en saber las condiciones de su convivencia, pero también esto responsabiliza al individuo ya que la consecuencia de los actos individuales se vuelve muy importante y fundamental. En efecto, es aquí, en este aspecto del utilitarismo que se puede ver la influencia de Francia en el altruismo Augusta Conde, y un movimiento general de una "humanización" de la sociedad europea. En efecto, esta última que se ha vuelto más rico y "controla (domina)" un poco más la naturaleza en la cual evoluciona, tiene los medios financiero y materiales que le aportan una mejor comodidad material que permite, en el siglo XVIII, y una individualización de las personas,  pues se da una amplia consideración de la persona de la misma manera que cada uno se considera un individuo único, y no como parte (partida) de un grupo. Nuestra sociedad moderna entonces ve la luz.


        Maria Guillermina Tellez Langarica
         Liliana Sanchez Cano 
         víctor Adrian Pacheco Villegas